Siento la necesidad de hablarle, de conocerla un poco y tratar de aliviarle en algo sus pesares. Nuestras miradas se cruzan y le sonrío y ella me devuelve la sonrisa. El camino sigue y el cobrador pasa cobrando el pasaje, solo le cobra el importe de un pasajero a la señora en vez de los dos, y la señora en agradecimiento le invita un chicle. Siento más ganas de hablarle pero no soy de fácil palabra.
Es aquí cuando el destino conspira a mi favor, una chica baja del carro y se le atraca el taco, grita un par de lisuras y ella misma se ríe de su situación. Todos en el carro se ríen, incluyendo a la señora, quien continúa riéndose y repitiendo la situación para sí misma. Me mira y me repite: "La señorita con su taco"y vuelve a reir. Yo también me río y me comienza hablar, dice que me parezco a un personaje de la televisión y que ella trabaja lavando y cuidando carros en la salida de un canal. Me cuenta a qué actores ha visto y como algunos se comportan con ella, de las personas que la han ayudado, de su sobrina enferma, de todo el recorrido que tiene que hacer para llegar a su casa ubicada en un publo joven, sin servicios públicos. Se pone un poco triste con lo que me cuenta y me dice que ella es como el payaso, sonríe por fuera pero llora por dentro, no sabe cuál será el futuro de su sobrina enferma, pues no tiene a nadie.
Nunca había escuchado a una persona así, con tantos problemas, tantos años y aún con la fuerza de un joven de 20 años para cambiar las cosas, con un toque de positivismo ante todos los problemas, de sacar la bueno de cada cosa y reirse. Me contaba todo con la serenidad que solo la verdad da, no resignada pero ya acostumbrada a su realidad.
Es un momento único para mí, los dos conversando emocionados con los ojos humedecidos, yo solo tengo palabras para felicitarla y darle esperanza. Llega el momento en el que tengo que bajar e hice algo que siempre había querido hacer, agarré mi billetera y saqué todo lo que tenía y se lo dí. La señora se emociona y me despido de ella con un abrazo y un beso en la mejía.
Bajo del carro y comienzo a llorar de felicidad, literalmente lloro y no dejo de sonreir. Le agradezco a Dios por ese momento, y entiendo en ese instante que realmente debo de darlo todo, no el dinero sino la vida. Dar la vida por la vida, y mientras esté dispuesto a hacerlo tendré al destino conspirando a mi favor.
Es aquí cuando el destino conspira a mi favor, una chica baja del carro y se le atraca el taco, grita un par de lisuras y ella misma se ríe de su situación. Todos en el carro se ríen, incluyendo a la señora, quien continúa riéndose y repitiendo la situación para sí misma. Me mira y me repite: "La señorita con su taco"y vuelve a reir. Yo también me río y me comienza hablar, dice que me parezco a un personaje de la televisión y que ella trabaja lavando y cuidando carros en la salida de un canal. Me cuenta a qué actores ha visto y como algunos se comportan con ella, de las personas que la han ayudado, de su sobrina enferma, de todo el recorrido que tiene que hacer para llegar a su casa ubicada en un publo joven, sin servicios públicos. Se pone un poco triste con lo que me cuenta y me dice que ella es como el payaso, sonríe por fuera pero llora por dentro, no sabe cuál será el futuro de su sobrina enferma, pues no tiene a nadie.
Nunca había escuchado a una persona así, con tantos problemas, tantos años y aún con la fuerza de un joven de 20 años para cambiar las cosas, con un toque de positivismo ante todos los problemas, de sacar la bueno de cada cosa y reirse. Me contaba todo con la serenidad que solo la verdad da, no resignada pero ya acostumbrada a su realidad.
Es un momento único para mí, los dos conversando emocionados con los ojos humedecidos, yo solo tengo palabras para felicitarla y darle esperanza. Llega el momento en el que tengo que bajar e hice algo que siempre había querido hacer, agarré mi billetera y saqué todo lo que tenía y se lo dí. La señora se emociona y me despido de ella con un abrazo y un beso en la mejía.
Bajo del carro y comienzo a llorar de felicidad, literalmente lloro y no dejo de sonreir. Le agradezco a Dios por ese momento, y entiendo en ese instante que realmente debo de darlo todo, no el dinero sino la vida. Dar la vida por la vida, y mientras esté dispuesto a hacerlo tendré al destino conspirando a mi favor.